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Navidad: historia, fe y sentido cristiano

La Biblia no fija una fecha para el nacimiento de Jesús y la Navidad no es un mandato bíblico. Sin embargo, comprender su sentido histórico y simbólico ayuda a no reducir la fe cristiana solo a la cruz y a redescubrir el valor de la encarnación de Dios.

En el mundo evangélico no existe una postura única respecto a la Navidad. Algunos consideran irrelevante su celebración, otros la rechazan por no ser bíblica y otros más la aceptan como una tradición cultural sin valor doctrinal. Esta diversidad no es un problema; refleja simplemente que el cristianismo contemporáneo no vive ni interpreta su fe de manera uniforme.

La discusión suele centrarse en un punto concreto: Jesús no nació el 25 de diciembre. Históricamente, esta afirmación es correcta. Los evangelios no mencionan una fecha precisa para su nacimiento, y la investigación histórica sitúa ese acontecimiento algunos años antes del inicio del calendario cristiano, probablemente entre el 6 y el 4 a.C. Reconocerlo no contradice la fe ni debilita el mensaje cristiano; forma parte del consenso académico actual.

Lo que la Biblia dice y lo que no dice

Los relatos de Mateo y Lucas afirman el nacimiento de Jesús, pero guardan silencio sobre el día, el mes o la estación del año. Este silencio no es accidental. Los evangelistas no pretendían establecer un calendario litúrgico, sino afirmar un hecho fundamental: Dios entró en la historia humana.

El 25 de diciembre aparece siglos después, cuando el cristianismo, ya está institucionalizado y organiza su calendario. La fecha coincide con celebraciones romanas asociadas al solsticio de invierno, un momento simbólico que representaba el retorno de la luz. 

La Iglesia antigua no tomó esta fecha para fijar un cumpleaños histórico, sino para expresar, mediante un lenguaje cultural comprensible, una afirmación teológica: Cristo es la luz que vence a la oscuridad.

Por ello, calificar la Navidad únicamente como una fiesta pagana ignora su resignificación cristiana a lo largo de los siglos.

El riesgo de reducir el cristianismo

En algunos sectores evangélicos se ha desarrollado una comprensión muy limitada del mensaje cristiano, donde solo la muerte y la resurrección de Jesús son consideradas relevantes, por ser el momento explícito del acto salvífico. Desde esta perspectiva, la encarnación, el nacimiento, la vida y el ministerio de Jesús tienen un valor secundario o casi irrelevante.

Esta postura suele partir de una fe sincera y perseverante, algo digno de reconocimiento. Sin embargo, presenta debilidades teológicas importantes. El cristianismo no se reduce al evento de la cruz. Afirma que Dios se hizo hombre, asumió la condición humana desde el nacimiento y vivió plenamente nuestra historia. La salvación no comienza únicamente con la sangre derramada, sino con la encarnación misma.

Separar la cruz del pesebre empobrece la comprensión del mensaje cristiano.

¿Celebrar la Navidad tiene valor espiritual?

Conviene decirlo con claridad:

  • Celebrar la Navidad no salva.
  • No celebrarla no hace a nadie más fiel.
  • La Navidad no es un mandamiento bíblico ni un criterio de espiritualidad.

Pero esto no significa que carezca de valor. Celebrar el nacimiento de Jesús es una manera legítima de honrar el misterio de la encarnación, aunque no aporte nada a Dios en sí mismo. Sí puede, en cambio, ayudarnos a expresar de forma concreta y visible aquello que creemos.

La fe cristiana no es solo una convicción interior; también se manifiesta en gestos, símbolos y prácticas comunitarias.

Navidad y comunión

En su forma actual, la Navidad cumple además una función social y comunitaria. Es una ocasión para la convivencia familiar, para el encuentro entre personas de distintas confesiones cristianas y para fortalecer valores como la unidad, la paz y la solidaridad. Vivida con conciencia, puede ser un espacio de comunión más que de confrontación.

La fecha exacta del nacimiento de Jesús no tiene importancia teológica. Nadie sostiene hoy, seriamente, que nació el 24 o 25 de diciembre. Repetirlo no añade conocimiento ni profundidad espiritual. Lo relevante es el significado que se recuerda y se comparte.

Lo importante de la navidad 

Jesús nació. Ese es el dato central. La Navidad es una construcción histórica y cultural que busca expresar el sentido de ese hecho, no fijarlo con precisión cronológica.

Celebrarla no es una obligación espiritual. Absolutizarla es un error. Pelear por ella es innecesario.

La Navidad no debería ser un motivo de división entre cristianos, sino una ocasión para reflexionar sobre la encarnación: Dios decidió entrar en nuestra historia y compartir nuestra condición humana.

La pregunta importante no es cuándo nació Jesús, sino si estamos dispuestos a vivir hoy como quienes creen que Dios ya ha estado entre nosotros.

Feliz Navidad, celebrada o no, pero comprendida con mayor profundidad.

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