¿Cómo será el regreso a la “nueva normalidad” en las iglesias ?

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Todo parece indicar que no habrá una vacuna contra el SARS-CoV-2  en un corto plazo a pesar de los esfuerzos de los científicos del mundo, por lo tanto el riesgo de enfermar de Covid-19 permanecerá por meses en el mejor de los casos.

Sin embargo ninguna sociedad podría sobrevivir semiparalizada por mucho tiempo, por lo que el reto de todos los gobiernos es lograr que la sociedad viva una “nueva normalidad” que le permita realizar las actividades productivas, recreativas, culturales y espirituales.

Esto significa que el retorno a las actividades implica por un lado que será gradual con el propósito de evitar una explosión de contagios y por otro lado la aplicación de protocolos de seguridad de manera permanente o al menos hasta que aparezca una vacuna que elimine el riesgo de enfermar de Covid-19.

La nueva normalidad significa, entonces, adaptarse a una nueva manera de vivir y convivir, acostumbrarnos a mantener protocolos de seguridad y mantener una actitud de solidaridad con quienes enfermen.

La cercanía entre fieles no será posible mientras persista el riesgo de contagios.

Muchos países han comenzado, y otros pronto comenzarán, el retorno a las actividades sociales y productivas. Sin embargo todas las actividades productivas, educativas, recreativas y sociales en general tendrán que reinventarse para poder regresar a sus actividades sin correr riesgos de hacer emerger nuevos brotes de contagios.

Un ejemplo es la industria restaurantera que está asimilando que ya no puede funcionar como antes del coronavirus, sino que ha tenido que crear nuevos protocolos de actuación para seguir operando.

Uno de los protocolos propuestos, por ejemplo en México, son los que publica la CANIRAC mediante un detallado manual de protocolos: los restaurantes reducirán su afluencia de comensales entre un 50 y un 70 %, el mesero que lleva los alimentos a la mesa no será el que recoja los platos, el acceso a los locales será con reservación y si ha de haber filas, en ellas sólo habrá una persona por mesa solicitada. Estas son sólo algunas de muchas otras medidas en los restaurantes.

Los centros comerciales deberán tener también sus propios protocolos de seguridad al igual que todas las actividades que impliquen la congregación de personas como los cines, teatros, estadios e iglesias. En este último caso ¿cuáles podrían ser los protocolos propuestos para el funcionamiento de las iglesias en la nueva normalidad?

Evidentemente la afluencia deberá reducirse si se quiere evitar que las iglesias se conviertan en centros de contagios, pero la medida no basta para asegurarse de que sean sitios seguros.

Es necesario asegurar una “sana distancia” colocando sillas a un metro y medio de distancia entre una y otra (lo que implicará el aumento del número de servicios), evitar los abrazos y todo acto que implique contacto y cercanía entre personas, solicitar el uso de cubrebocas, realizar acciones de sanitización sobre objetos que se comparten como sillas, biblias y micrófonos, entre otros. 

El uso de cubrebocas será común en las iglesias.

Probablemente las autoridades correspondientes dictarán las medidas que podrían ser condición para la reapertura de los templos, iglesias o auditorios, o quizá las medidas que se adopten van a depender de la creatividad del pastor de cada iglesia, o aún mejor, podrían ser acordadas en las reuniones de alianzas regionales de pastores.

Lo cierto es que la garantía para que los lugares de reunión no se conviertan en focos de contagios y, por lo tanto, la garantía de la salud de la congregación,  va a depender de la actitud responsable de cada pastor.

En las circunstancias actuales el pastor debe cuidar de la salud no sólo espiritual, sino también física de la congregación. Sin embargo la salud física dependerá de la elaboración y observancia de los protocolos de reunión.

No obstante, la congregación debe ser prudente y cuidar la prudencia del pastor, pues es innegable que pueden aparecer pastores que expongan la salud física de la iglesia bajo el argumento de que si están cubiertos por la sangre de Cristo, no habrá virus que los pueda dañar.

El regreso a la nueva normalidad debe estar impregnada de prudencia.

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