Coronavirus destruye economía mundial pero no destruye la fe

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La incapacidad para contener el avance de los contagios del coronavirus Covid-19 obligó a los gobiernos de todos los países del mundo a disuadir a la población de salir a la calle y permanecer confinados en sus casas, con la consecuente paralización de las actividades productivas, culturales, religiosas, deportivas y sociales en general. 

El mundo prácticamente se paralizó. Solamente se han sostenido las actividades llamadas esenciales. Las ligas deportivas se suspendieron o se cancelaron. Los teatros, los cines, los restaurantes, los hoteles, las playas, todo se cerró. Las iglesias también.

¿Cuál es el efecto de todo esto? La economía prácticamente terminará destruida con una caída del 30% del PIB en países poderosos, millones de trabajadores terminarán desempleados, los artistas de cine y teatro están buscando ya actividades alternativas, los que viven del turismo se están reinventando, muchos deportistas tendrán que dedicarse a otra cosa. 

Tales son los efectos de la pandemia, que sin duda se hablará del mundo antes y el mundo después del coronavirus.

También los templos se cerraron. Sí, los templos se han cerrado, pero la iglesia no y mucho menos se cerró la fe. Hace casi dos mil años el imperio romano destruyó por completo el templo de Jerusalén, tanto que no quedó piedra sobre piedra. La mitad del pueblo escogido de Dios fue asesinado y la otra mitad fue dispersado por todo el mundo, pero dos mil años después el pueblo de Dios se mantiene de pié, con la fe más fuerte y fieles a la Palabra.

La iglesia no se cerró porque gracias a la tecnología que Dios nos proveyó, los fieles hemos tenido la oportunidad de seguir en contacto con nuestros hermanos pastores y con los fieles de la iglesia a través de las redes sociales. Muchos pastores usan las redes para saludar a los fieles de su iglesia, otros para compartir la Palabra, otros para activar la escuela bíblica. 

La fe no se cerró porque ahora hemos tenido la oportunidad de levantar altares en nuestros hogares, compartir la Palabra con nuestra familia, orar juntos, y vivir nuestra relación con Jesucristo más intensa que nunca. Es la oportunidad de convertir nuestros hogares en el nuevo Templo del Señor.

“Nos detuvieron” dice la nueva canción de Samuel Hernández, pero nos detuvieron “para pensar en Ti”. Nos detuvieron para disfrutar cada segundo en familia, para enseñarnos a vivir. 

En seguida les dejamos el video de esta hermosa canción de Samuel Hernández “Lo que el virus me enseñó”.


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