Dios hace algunas cosas asombrosas mediante la gente fiel. Pero los resultados deberían ser que lo glorifiquemos a Él y no a las personas, dijo el pastor Alducin.

Siempre crítico con los cristianos que se convierten en “celebridades” y que lejos de despojarse de esa falsa investidura se gozan en ella, el pastor Armando Alducin publicó en redes sociales un artículo devocional que tituló JESÚS MI REY. En seguida en Eco Cristiano reproducimos íntegramente su reflexión.

El término celebridad cristiana es un “oxímoron” una figura del lenguaje que combina términos contradictorios, como camarones jumbo o dulce tristeza.

En verdad, un cristiano debería tratar de que Dios sea siempre el centro de atención, no él, dificultando así que el término celebridad esté unido a su nombre. Pero tendemos a elevar a los siervos de Dios, ya sean éstos maestros bíblicos de la radio o la televisión, músicos o atletas. Y cuando su humanidad se revela, se afecta nuestra fe.

La gente ha estado adorando a otras personas durante siglos. En 1 Samuel 8 se nos dice que Israel rechazó la teocracia, en la cual Dios gobernaba a través de sus jueces. En lugar de ello, el pueblo quería un rey a quien pudieran ver. Querían ser como las naciones que había a su alrededor, las cuales adulaban a sus dioses-reyes.

Pero Dios vio más allá de su solicitud y miró justo en sus corazones. «No te han desechado a ti —dijo a un Samuel que se encontraba amargamente desilusionado— sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos» (v.7).

Ahora veamos Juan 6:14,15. La gente, sorprendida de que Jesucristo pudiera alimentar a una multitud de 5,000, trató de hacerlo rey. Estaban listos para seguirlo, pero por razones equivocadas. Jesús sabía que el plan de Dios era «Salvador ahora, Rey después»; por eso se retiró.

Dios hace algunas cosas asombrosas mediante la gente fiel. Pero los resultados deberían ser que lo glorifiquemos a Él y no a las personas. Y nosotros deberíamos sentirnos exhortados a confiar en que Dios haga las mismas cosas a través de nosotros. De lo contrario, estamos corriendo el riesgo de convertirnos en hacedores de reyes.

Para el creyente, sólo hay un Rey: Jesucristo. (¡Y a Él ningún hombre lo hizo Rey!) Adorémosle y sirvámosle a Él solamente. 

¿A qué cristiano, bien conocido o no, admiro más?

¿Cómo puedo mantener mi atención en Dios y no en esa persona?

Señor, sé que Tú eres el único Rey y la única fuente de poder. Manténme centrado en Ti, para que no convierta en reyes a mis hermanos cristianos, ni a personas que me rodeen, ni a nada de este mundo.

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