La humanidad y su afán de independencia de Dios

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Uno de los graves retos que el hombre ha tenido que enfrentar a lo largo del tiempo es SU AFAN DE INDEPENDENCIA. Ya desde el Génesis podemos ver cómo Adán no quiere estar sometido, ni a Dios ni a nada. Quiere siempre hacer lo que él quiere, lo que le parece “mejor”, sin darse cuenta que esto ha sido y será siempre la causa de todos sus problemas y desatinos. 

Es verdad que Dios nos ha hecho libres, pero esta libertad, si queremos que nuestra vida no se destruya, siempre tendrá que estar acotada por Dios de donde proviene la sabiduría y toda autoridad en el cielo y en la tierra. 

Lastimosamente vemos cómo a lo largo de la historia del hombre, éste busca hacer siempre lo que quiere y no someterse a la ley de Dios. Por eso, es imprescindible reconocer que la vida del hombre debe estar siempre regida por el creador, quien conoce nuestro corazón y que por ello ha trazado líneas que acotan nuestra vida para que ésta no fracase. 

Adán, en el paraíso, no hizo caso de estas normas, y prefirió seguir su propio proyecto y aspiraciones y lo único que consiguió fue destruir su vida y verse privado de todos los beneficios que Dios le había ofrecido. 

Esta historia se repite en todas las áreas de nuestra vida, de manera especial en esta época en que el hombre se declara independiente de todo y se lanza a construir su propio modelo de humanidad, de matrimonio de familia y de sociedad, dejando de lado el proyecto de Dios. 

Es así que tenemos una sociedad que termina autodestruyéndose y caminando hacia el sinsentido, pues al margen del proyecto de Dios todo es vaciedad, soledad y fracaso. Es necesario y urgente que el hombre, el ser humano, abandone su estado de independencia de Dios y regrese al proyecto claramente expresado en la Sagrada Escritura. 

Este es el único camino que tenemos, para volver a encontrar la felicidad y la paz. Recordemos que el mismo Jesús nos lo dijo: “Sin mi nada pueden hacer”. NO sigamos, como dice Pablo, dándole patadas al aguijón pues lo único que conseguimos es lastimarnos (Hechos 9,5). 

Retomemos la vida cristiana, la vida como Dios nos la planteo en le Biblia y de manera especial en el Nuevo Testamento. Hagamos familias cristianas que formen la comunidad cristiana, sometida a Cristo, camino, verdad y vida.

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