¿Sabemos lo que decimos cuando pronunciamos la palabra Amén?

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En las redes sociales, específicamente en Facebook, suelen publicarse palabras recurrente por imitación y una de las más frecuentes es la palabra Amén, a veces en lugar de poner una manita de “me gusta”, algunos ponen “amén”, como si significaran lo mismo. Pero en verdad ¿sabemos qué significa la palabra Amén?

Algunas personas piensan equivocadamente que Amén significa “estar de acuerdo con alguien”, pero de ninguna manera significa tal cosa. Amén para los judíos es una palabra sagrada y si la vamos a usar, es conveniente que tengamos claro su significado para poder valorarla y para poder emplearla correctamente. 

La palabra “amén” en español proviene de la palabra latina “ámen”, que a su vez proviene de la palabra griega “amín” y que a su vez proviene de la palabra “amén”.

Es una palabra tan importante que en las iglesias cristianas la pronunciamos en su original en hebreo, no se ha traducido, y aún transfiriéndose al latín y al español, se ha preservado en su original hebreo.

En hebreo esta palabra Amén significa Verdaderamente, de manera que pronunciar la palabra amén significa hacer un acto de fe, ¿de fe en lo que alguien más dice? No, de fe en lo que Dios dice. A quien decimos amén no es al pastor ni al predicador, y menos a lo que ponen los demás en Facebook; a quien le decimos amén es a Dios, porque ese es el sentido verdadero de la palabra.

En el Nuevo Testamento vemos que el libro de Mateo concluye diciendo Amén: “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Lo mismo pasa con el evangelio de Marcos: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén”. 

En Lucas dice: “y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén”. Lo mismo pasa en el evangelio de Juan: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén”.

En el Nuevo Testamento la palabra amén tiene un uso y significado muy solemne, quien utiliza esa palabra en el Nuevo Testamento principalmente es Jesús. Para decir lo que nosotros traducimos como “en verdad les digo”, en griego amín. 

En el evangelio de Juan cada vez que Jesús pronuncia esta palabra Amín, la pronuncia dos veces, enfatizando la solemnidad de lo que está diciendo, enfatizando que está hablando con toda su autoridad; que es lo que nosotros en español traducimos como “en verdad, en vedad les digo”.

Todo esto nos da la idea de que Amén no es una palabra que nosotros podemos usar a la ligera, por la sencilla razón de que Jesús nunca la usó con ligereza. Incluso en el libro del Apocalipsis la palabra Amén se emplea para referirse nada menos que a Jesús, como si ese fuera su nombre, así de sagrada es esta palabra.

En el libro del Apocalipsis, en su capítulo 3 encontramos las cartas a las siete iglesias, y en la séptima carta, en la carta dirigida a la iglesia de Laodisea, dice textualmente “He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios”. De esta manera a Jesús, al Alfa y el Omega, el principio y fin de todo lo que existe, se le llama el Amén, como si fuera su nombre propio, lo que nos revela lo sagrada de esta palabra.

El Amén se comenzó a utilizar en las plegarias cristianas desde los tiempos de los apóstoles, en las sinagogas el amén se emplea para concluir las oraciones. La palabra amén expresa convicción, es un acto de fe en Dios y significa Verdaderamente.

Cuando entendemos el origen de la palabra Amén, cuando comprendemos su empleo en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, cuando vemos que Jesús emplea esta palabra para dar solemnidad a sus enseñanzas más importantes, cuando entendemos que en el Apocalipsis a Jesús se le llama Amén como si fuera su nombre propio, cuando concluimos nuestras oraciones con esta palabra sagrada, entonces reconocemos que no podemos usar esta palabra a diestra y siniestra como una muletilla.

Por eso es importante darnos cuenta que no podemos usar la palabra amén para responder sin pensar, ni a los pastores ni a las personas cuando dicen algo curioso y hasta chistoso.

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