Adam Dooley, pastor de la Iglesia Bautista Englewood, retoma una observación del teólogo R.C. Sproul para sostener que una de las mayores necesidades espirituales de nuestro tiempo es redescubrir quién es realmente Dios.
Su tesis central es que muchos creyentes ya no rechazan a Dios, pero sí lo reinventan, creando una versión más cómoda, manejable y adaptada a sus preferencias.
Para fundamentar esta idea, Dooley recurre a la visión de Isaías 6. Allí, el profeta no encuentra a un dios complaciente o subordinado a los deseos humanos, sino al Señor sentado en su trono, rodeado de serafines que proclaman: «Santo, santo, santo».
El autor destaca que la santidad, más que cualquier otro atributo, define la identidad de Dios. Por eso, afirma que la reverencia hacia Dios se está debilitando en una cultura que prefiere hablar de Él como un compañero, un consejero o un simple apoyo emocional.
Según Dooley, la reacción de Isaías ante la santidad divina es reveladora: lejos de sentirse afirmado, reconoce su pecado y exclama: «¡Ay de mí!». Dooley sostiene que quien descubre la grandeza y santidad de Dios deja de pensar que todo lo que hace está bien. Antes de defenderse o justificarse, reconoce sus errores y comprende que necesita el perdón y la ayuda de Dios.
A partir de ahí desarrolla una reflexión profundamente evangélica sobre la gracia. Sostiene que el amor de Dios no consiste en aprobar o ignorar el pecado humano, sino en transformarlo. Interpreta el carbón encendido que purifica los labios de Isaías como una anticipación del sacrificio de Jesucristo, mediante el cual Dios ofrece perdón y reconciliación.
En su conclusión, Dooley advierte que la sociedad contemporánea está llena de opiniones sobre Dios, pero carece de reverencia. Considera que la pérdida del sentido de la santidad divina ha llevado a muchas personas a construir una imagen de Dios a su medida.
Frente a ello, propone volver a la visión bíblica de un Dios santo, soberano y digno de adoración, cuya gracia solo puede comprenderse plenamente cuando se reconoce primero la profundidad de su santidad.
En síntesis, Adam Dooley sostiene que la crisis espiritual contemporánea no radica tanto en la falta de creencia en Dios como en la tendencia a redefinirlo según nuestras preferencias. Para Dooley, recuperar la reverencia comienza por redescubrir la santidad de Dios tal como la presentan las Escrituras.
Fuente: The Christian Post