¿Queremos los cristianos que las madres que abortan vayan a la cárcel?

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Los cristianos no queremos ver en la cárcel a las madres que abortan. Lo que queremos es que vivan los bebés de las madres que quieren abortar, y si el único camino para lograr que vivan los bebés concebidos, es promover leyes que lleven a la cárcel a las madres que abortan, entonces debemos hacerlo. La pregunta es ¿la penalización del aborto es el único camino para salvar la vida de los bebés concebidos?

Es un hecho: no queremos a las madres en la cárcel, lo que queremos es que los niños vivan, pero ¿cómo hacemos para que las madres comprendan que abortar está mal? Y no sólo las madres deben entender que abortar es malo, sino todo el entorno abortivo: el padre del bebé concebido, los padres de la niña embarazada, las amistades que aconsejan el aborto, los médicos, las enfermeras, los medios de comunicación que estimulan la idea de que el aborto es un derecho, todos deben comprender que el bebé concebido es un ser vivo que merece seguir viviendo dentro y fuera del vientre materno.

Muchas veces la jovencita embarazada no tiene el deseo de abortar, pero todo su entorno abortivo la impulsa a tomar la fatal decisión de acabar con la vida de su inofensivo hijo que se hospeda en su vientre.

Hemos escuchado que muchas mujeres dicen ser dueñas de su cuerpo. Entonces ¿cómo hacemos para que todos comprendan que el bebé concebido tiene derecho a vivir y que el aborto es el acto de mayor violencia que puede sufrir un ser humano indefenso? Es ahí donde recurrimos a un elemento jurídico que además de ser jurídico es pedagógico: la Ley.

La ley no sólo regula, es decir, no sólo tiene la función de permitir o prohibir e imponer sanciones a quien haga lo prohibido; también tiene una función todavía más importante que es la función de educar

La ley es pedagógica porque muestra lo que está bien y lo que está mal. Si la ley no prohíbe algo es porque lo permite y si lo permite es porque está bien hacerlo, pero el aborto no está bien, por lo tanto la ley lo debe prohibir, y la única forma de prohibir es imponiendo sanciones a quien se coloque en la hipótesis prohibida.

Por eso los cristianos estamos en contra de legalizar el aborto, porque la prohibición legal del aborto es la forma más eficaz de mostrar al mundo que hacerlo está mal. Así como la ley nos muestra que robar está mal, que matar está mal, que defraudar está mal, y que hacer todo eso amerita una sanción, de esa misma manera la ley nos debe mostrar que el aborto está mal.

¿Queremos a la madre que aborta en la cárcel? No, lo que queremos es a la madre abrazando a su hijo, cuidándolo, alimentándolo, dándole su amor. Eso es lo que queremos.

Estamos conscientes de que a pesar de nuestros argumentos la tendencia social y jurídica se inclina fuertemente a la legalización del aborto. Difícilmente será reversible esa tendencia. Cada vez es mayor el área geográfica en que se legaliza el aborto en el mundo ¿Debemos resignarnos al genocidio mundial de bebés concebidos?

De ninguna manera podemos aceptar que sea natural asesinar a bebés que habitan aún en el vientre materno. Por eso debemos hacer uso de nuestras dos armas poderosas para defender la vida: la oración y la predicación.

Necesitamos clamar al poderoso por la vida de los aún no nacidos y necesitamos implementar campañas creativas, masivas bien organizadas por la iglesia unida para concientizar a la sociedad de la importancia de conservar vivos a los concebidos. Esa es una labor de la iglesia constituida como Cuerpo de Cristo.

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