jueves, junio 20, 2024
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La pandemia comenzó en el huerto del Edén y la de ahora es un daño colateral: Dante Gebel

Estas cosas que suceden ayudan a toda la humanidad a diferenciar lo temporal de lo permanente.

Dante Gebel, pastor de River Church en Anaheim ha estado predicando desde su iglesia vacía por causa de la pandemia Covid-19. En Eco Cristiano hemos hecho un resumen escrito de su disertación sobre el significado de la pandemia para la humanidad

Lo que está pasando ahora no es nuevo.

En el 2004 la gran tragedia fue el tsunami en el océano índico que mató a 230 mil personas. En el 2005 tuvimos el huracán Catrina. ¿Y quién puede olvidar el 2010 y el 2011? El terremoto en Haití le costó la vida a otras 220 mil personas. Cuesta mucho asimilar tal cantidad. El tsunami de Japón por lo menos se llevó a 15 mil. 

Cuando ocurren las tragedias la gente mira a las iglesias buscando respuestas y los cristianos no podemos pretender que esto nada tiene que ver con Dios pues las escrituras muestran que Dios está obrando continua y activamente en el universo. 

Hay quienes pretenden liberar a Dios de la responsabilidad de esta pandemia echándole la culpa a satanás, pero si uno lee las escrituras sabemos a través del libro de Job que satanás no puede hacer nada sin el permiso de Dios. 

Dios está involucrado en el control de todos los acontecimientos del mundo natural

Aunque  nos resulte incómodo, tenemos que debatir estos temas con integridad teológica. En estos momentos nos tenemos que poner serios y decirle a la gente que la Biblia enseña que Dios es soberano y está en el trono en momentos agradables y en momentos desagradables. La Biblia presenta a un Dios activo involucrado en el control y sustento de todos los acontecimientos del mundo natural.

El salmo 135,6 dice “Todo lo que el Señor quiere, lo hace. En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. Hace subir las nubes de los extremos de la tierra; hace los relámpagos para la lluvia; saca de sus depósitos los vientos”. Y en Mateo 5,45 dice que Dios “hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos”. 

Él ordena que caiga la nieve en la tierra y le dice a la lluvia que sea torrencial”  dice en Job 37, así que nadie puede pensar que las inundaciones son errores de cálculo de Dios, o que el diablo tomó el control cuando Dios estaba distraído. En la misma cita dice “Él carga las nubes de humedad y después salen relámpagos brillantes, las nubes se agitan bajo su mando y hacen por toda la tierra lo que Él ordena”.

En las escrituras vemos a Dios que envía un diluvio para destruir un mundo oscurecido por el pecado y salva sólo a Noé y su familia, también envía fuego para destruir a Sodoma y Gomorra por su perversidad, envía plagas para castigar a Egipto, crea una plaga que mata a 70 mil hombres debido al pecado de David al censar a la gente, envía una tormenta para atraer la atención de Jonás y llevarlo al arrepentimiento.

Al sufrir una tragedia ¿podemos seguir pensando que Dios es bueno?

Al atravesar por esta pandemia no podemos mirar para otra parte, pues no podemos olvidar que el Señor está al control de todo. La pregunta es ¿con todo esto Dios sigue siendo bueno? ¿Es bueno Dios cuando el resultado no lo es?

Porque cuando alguien se recupera del cáncer o cuando nos aumentan el salario decimos que Dios es bueno, ¿Pero podemos decir que Dios es bueno cuando las circunstancias son diferentes? ¿Dios es bueno en el cementerio y en la maternidad? ¿Es bueno en días de recesión como en días de provisión? ¿Dios es bueno en días de salud y en días de pandemia?

A veces creemos que si somos buenos y damos el diezmo, Dios sanará a nuestro hijo, sanará a la esposa y cuidará nuestro trabajo, pero ese es un evangelio multinivel que promueve la idea de que cuanto más bueno eres y más ofrenda aportas, más sano y próspero serás. Pero ahora, con esta pandemia, ese evangelio se desmorona y sus predicadores no saben qué decir.

A mí me ha tocado orar por gente que se sana en el nombre del Señor, pero también me ha tocado sepultar a gente piadosa. En la iglesia hay gente que llega en silla de ruedas y vuelven a caminar, pero también hay otros que siguen confinados a un bastón o a una silla y no puedo ser tan torpe de pensar que a unos Dios los ama y a otros no.

Lo que está ocurriendo es para que Dios manifieste su poder

Cuando encendemos la televisión y vemos que la curva de los contagios es cada vez más vertical y escuchamos que si todo mundo se contagia habrá seis o siete enfermos por cada cama de hospital, es ahí cuando la iglesia de multinivel que predica que Dios no permite las enfermedades, se queda sin respuestas. Pero en las escrituras vemos que sí, que a veces es la forma en que Dios llama la atención.

Dios permite que la tierra se seque y que los tallos a veces crezcan desnudos. Cuando los seguidores de Jesús divisaron a un ciego a la orilla del camino le pidieron una explicación: ¿estaría enojado Dios? ¿o quién habría pecado, los padres del ciego o él? y la respuesta de Jesús ofreció una opción superior, Él dijo: el hombre quedó ciego para que las obras de Dios se manifiesten en Él (Juan 9,3). No pecó él ni sus padres, lo que está ocurriendo es para que Dios manifieste su poder.

El mayor desastre de la humanidad ocurrió en el huerto del Edén

Pilato asesinó a unos galileos y le preguntaron a Jesús sobre por qué había ocurrido eso. Él les respondió “¿piensan que esos galileos eran peores que todas las demás personas de Galilea? ¿Acaso los que murieron en el derrumbe de la torre de Siloé fueran mayores deudores que todos los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, y a menos que ustedes se arrepientan, todos ustedes serán destruidos de la misma manera”.

Todos vamos a morir si no nos arrepentimos, por eso pienso que el mayor desastre de la humanidad ocurrió en el huerto del Edén, y esto que vivimos es un daño colateral, la pandemia comenzó en el huerto del Edén, porque la caída nos hizo a todos víctimas.

En la iglesia, al menos en mi iglesia, hay algo que nos caracteriza: todos llegamos rotos de alguna manera. Nadie llegó aquí sin necesitar del Señor, este es un sitio de gente rota: por la pérdida del trabajo, por abusos en la niñez, por un divorcio, y todos coinciden en que Dios se valió de esa dificultad, de esos desastres, para atraer la atención hacia Él. Las crisis pueden alejar a mucha gente de Dios, pero en la mayoría tiene un efecto contrario, los lleva a los brazos de Jesús. 

Estas cosas que nos suceden, como esta pandemia, ayudan a toda la humanidad a diferenciar lo temporal de lo permanente. La pandemia comenzó en el huerto del Edén y esto es sólo un daño colateral. Esto nos recuerda que el mañana es incierto y que hoy es el día de la salvación.


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