lunes, junio 17, 2024
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Covid-19 hizo evidentes grandes vacíos en la Iglesia: Pr. Daniel Najar

“El Covid-19 nos puso ante una nueva realidad que modificará nuestra forma de vida”, dijo el Pr. Daniel Nájar en sus redes sociales, coincidiendo con muchos pastores que han analizado la realidad y que han visto que los que vienen serán tiempos de grandes cambios en la iglesia.

El fundador de Liderazgo Emergente, Pr. Nájar, aseguró que en un  futuro casi inmediato veremos cambios profundos en las estructuras sociales y “las iglesias serán de las organizaciones más contrariadas por la nueva realidad”, pues el desfase cultural en que la iglesia vive y su incapacidad para separar lo esencial de lo no esencial, ha facilitado que el Covid-19 deje al descubierto cuatro enormes vacíos en la iglesia 

En seguida resumimos los cuatro vacíos que desde la perspectiva del Pr. Daniel Nájar está dejando el Covid-19 en la Iglesia:

a) Vacío de la provisión financiera. 

La distancia social ha afectado económicamente a las iglesias que han reducido sus ingresos hasta en un 70% y esto se debe a que no prepararon a la congregación para ofrendar y diezmar sin asistir al templo. A esto se agrega que el pastor no desarrolló una fuente alterna de provisión. 

La alternativa bíblica es que el pastor sea bivocacional, esto es, seguir los pasos de Pablo y no vivir sólo del ministerio. Por otro lado, necesitamos enseñar a la iglesia a dar “más allá de los conceptos aprendidos de templo, domingo y pastor”.

b) Vacío de discipulado personal. 

En el confinamiento sólo la mitad de los miembros de las iglesias asiste a los “cultos en línea” y de ellos el 40% asiste a transmisiones que no son de su iglesia, lo que habla de un distanciamiento entre los miembros de la congregación y sus pastores. Incluso los miembros de las grandes iglesias han expresado sentirse aislados y desatendidos porque no se sienten conectados de manera individual con nadie.

Este distanciamiento entre el pastor y los miembros de la congregación revela que los líderes dieron preferencia a los eventos, las conferencias, los congresos y otras actividades, pero se olvidó del fundamento que nos legó Jesucristo, que es el discipulado.

El discipulado es el que conecta al pastor con los miembros de la congregación y permite monitorear su asistencia, sus actividades y su avance constante. Por eso es necesario desarrollar un discipulado basado en los principios de Jesús y no enfocarse en aumentar el tamaño de la iglesia sino en aumentar su calidad. Se requiere enfocarse en la meta final que es hacer discípulos y no en tener convertidos o congregantes.

c) Vacío de capacidad digital.

El Covid-19 nos hizo descubrir el valor de la web, cada vez son menos los que no tienen acceso al internet. La Iglesia del futuro tiende a convertirse, como dice el Pastor Carey Nieuwhof, en una organización digital con alguna presencia física, más que una congregación física con presencia digital.

Las herramientas digitales no son herramientas alternativas, sino recursos fundamentales para la conexión actual. Cada congregación necesita un equipo operativo y de asesores que le permita profesionalizarse en este tema. 

Los pastores estamos acostumbrados a ser el centro de la reunión, pero al estar frente a una cámara descubrimos que muchos no estamos preparados para una transmisión digital, por eso debemos compartir este lugar e impulsar a otros que manejen mejor estas herramientas. 

Atrevámonos a ver la vida eclesiástica fuera de los templos y diseñemos más dinámicas que incluyan lo digital. Pero no se trata de convertir el templo de ladrillos en un templo digital, necesitamos mucho más que hacer “cultos en línea” y para lograrlo necesitamos integrar ministros nuevos que dominen el área digital.

d) Vacío de contacto social.

La Covid ha hecho evidente que muchas iglesias giran alrededor de sí mismas: ¿Cómo mantendremos a la Iglesia? ¿Cómo pagaremos nuestras cuentas? ¿Cómo haremos nuestro culto y predicación? ¿Qué pasará con nuestras instalaciones? Esas son preguntas legítimas pero no esenciales para la misión.

En cambio hay preguntas esenciales como:  ¿cómo puedo seguir haciendo discípulos sin domingo, sin templo, sin culto e incluso sin pastor? ¿cómo puedo apoyar a vecinos, familiares y amigos no cristianos en esta temporada difícil? ¿cómo podemos generar recursos para ofrendar a los necesitados? ¿qué guerras debo pelear contra satanás en la cultura, aún cuando no podamos reunirnos?

Tenemos en cambio, la oportunidad de hacernos presentes en el mundo para mostrar el evangelio real, el de las Buenas Noticias. Hoy más que nunca, podemos hablar al necesitado, orar por el enfermo, dar de comer al hambriento, consolar al herido y animar al cansado. Hoy es el tiempo de observar más afuera que adentro.

Conclusión

Con el tiempo, la iglesia se volvió pastorcéntrica, templocéntrica, cultocéntrica y domingocéntrica, y la contingencia del COVID removió nuestros andamios y golpeó directo a los cuatro. Es tiempo de replantear nuestros modelos de ser y hacer iglesia y tener el valor de cuestionar si al hacer las cosas como hasta hoy, estamos cumpliendo con nuestra misión central de hacer discípulos que manifiesten el Reino y transformen la cultura. 

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