InicioSagradas Escrituras¿Qué entendía un judío cuando Jesús hablaba del Reino de Dios?

¿Qué entendía un judío cuando Jesús hablaba del Reino de Dios?

Antes de preguntarnos qué entendía un judío del siglo I cuando Jesús hablaba del Reino de Dios, conviene recordar una hipótesis que desarrollamos en un artículo anterior: probablemente muchas de las dificultades que hoy tenemos para comprender el principal mensaje de Jesús se deben a que intentamos interpretarlo desde nuestras categorías actuales, sin detenernos primero a descubrir qué entendieron quienes lo escucharon por primera vez (leer: El Reino de Dios: un mensaje muy repetido y poco comprendido).

Si esa hipótesis es correcta, la siguiente pregunta surge de manera natural: ¿qué entendía realmente un judío cuando escuchaba a Jesús anunciar el Reino de Dios?

La razón es sencilla. Jesús nunca explicó qué era el Reino de Dios. No porque fuera un tema secundario, sino porque sus oyentes ya conocían esa expresión. Lo que para nosotros requiere una explicación, para ellos formaba parte de su manera de entender la historia, la fe y la esperanza.

Pero ¿qué imaginaba realmente un judío del siglo I cuando escuchaba hablar del Reino de Dios La respuesta no comienza en los Evangelios. Comienza muchos siglos antes.

Desde los primeros libros del Antiguo Testamento, Israel confesó que el verdadero rey de su pueblo era Dios. A diferencia de las naciones vecinas, que atribuían un carácter divino a sus monarcas, Israel afirmaba que ningún rey humano ocupaba el lugar del Señor. Incluso cuando el pueblo pidió un rey «como todas las naciones», los libros de Samuel presentan ese episodio con una cierta tensión: el verdadero soberano seguía siendo Dios.

Sin embargo, la historia de Israel estuvo marcada por invasiones, derrotas, exilios y dominaciones extranjeras. Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y, finalmente, Roma ejercieron su poder sobre la tierra que Israel consideraba herencia de Dios.

Esa realidad dio un nuevo sentido a la esperanza. Si Dios era realmente el Rey, ¿por qué las naciones paganas dominaban a su pueblo?

Los profetas comenzaron a responder esa pregunta mirando hacia el futuro. Anunciaron el día en que Dios actuaría de manera definitiva para restaurar a Israel, hacer justicia, derrotar el mal y establecer plenamente su reinado. No se trataba simplemente del regreso de un buen gobierno humano. Era la esperanza de una intervención decisiva de Dios en la historia.

Por eso, cuando un judío del siglo I escuchaba hablar del Reino de Dios, no pensaba únicamente en un lugar ni en una institución religiosa. Escuchaba una promesa largamente esperada y la ocupación romana hizo que esa esperanza se volviera todavía más intensa.

Muchos soñaban con la llegada de un Mesías que liberaría al pueblo de la dominación extranjera y restauraría el reino de Israel. Otros esperaban una intervención sobrenatural de Dios al final de los tiempos. Había diferencias entre los distintos grupos religiosos, pero todos compartían una convicción fundamental: Dios cumpliría sus promesas.

Fariseos, saduceos, esenios y zelotes no coincidían en todos los aspectos de esa esperanza, pero ninguno consideraba extraño hablar del Reino de Dios. Era un lenguaje familiar. Formaba parte del horizonte espiritual de Israel.

Esto explica un detalle que suele pasar desapercibido. Cuando Jesús comenzó a predicar diciendo: “El Reino de Dios se ha acercado”, nadie le preguntó qué significaba esa expresión.

Las discusiones que encontramos en los Evangelios giran en torno a otros temas: quién es Jesús, con qué autoridad actúa, por qué sana en sábado, por qué come con pecadores o por qué interpreta la Ley de esa manera. Pero nadie le pedía una definición del Reino. No hacía falta en absoluto. Todos lo tenían perfectamente claro.

La expresión Reino de Dios era muy conocida. Lo que nadie imaginaba era que Jesús anunciaría un Reino tan distinto del que muchos esperaban. Y aquí comienza la verdadera novedad del Evangelio.

Jesús no rechaza la esperanza de Israel. Tampoco inventa una idea completamente nueva. Utiliza las mismas palabras que su pueblo había pronunciado durante siglos, pero comienza a mostrar que el reinado de Dios está llegando de una forma que sorprende incluso a quienes más lo esperaban.

Por eso, antes de estudiar las parábolas o los milagros, conviene recordar que Jesús no hablaba en el vacío. Hablaba a un pueblo que llevaba siglos esperando el cumplimiento de las promesas de Dios.

Solo desde ese horizonte podemos apreciar la profundidad de sus palabras. Jesús no creó la expresión “Reino de Dios”; heredó una esperanza profundamente arraigada en Israel y, precisamente por eso, la sorpresa no estuvo en las palabras que utilizó, sino en el contenido nuevo que comenzó a revelar con ellas.

El problema era que imaginaban un Reino muy diferente del que Jesús comenzó a hacer presente con su vida y con sus obras. ¿Por qué el Reino anunciado por Jesús desconcertó incluso a quienes llevaban siglos esperándolo?

RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Most Popular

Recent Comments